Una piedra en el destino

Escrito por lamenteenfermadechema 26-12-2015 en relato corto. Comentarios (0)

Miles de posibilidades en el universo. Cualquier pequeño cambio puede alterar todo el futuro, para bien o para mal.

Dante Ruiz es una persona algo peculiar. A primera vista todo te parece normal: un hombre de 1,75 metros de altura y 70 Kgs de peso, moreno, con los ojos marrones y la tez algo dorada por el sol, incluso al conocerlo no piensas que tenga nada raro, es una persona sencilla, no tiene muchos lujos y su afición son los videojuegos. Todo es muy normal hasta que desaparece de repente. Puede decirse, que es una persona que llama poco la atención, algo que para su trabajo, le viene genial.

Estamos en el año 2009. Está a punto de suceder un hecho sin precedentes: se va a investir al primer presidente negro de los Estados Unidos de América. Barack Obama entrará en los futuros libros de texto y será recordado, ya sea como un gran presidente, o como alguien que destrozó el país más poderoso del mundo. Aunque hay otra opción más, una opción en manos de uno de los asesinos más eficaces del mundo.

Un joven encapuchado se encuentra agazapado, escondido entre unos matorrales frente a la casa del futuro presidente. En su mano derecha descansa una Glock 17 negra con silenciador y un cargador repleto de balas del calibre 9mm. Hubiera preferido su rifle, pero eso llamaba demasiado la atención, y había demasiados guardias.

El joven lleva varias horas escondido, a la espera de que su víctima salga de la casa. Sus órdenes eran claras: evitar a toda costa que Obama llegue a la investidura. Para cualquier otra persona hubiera sido imposible llegar a donde estaba, pero él era especial: no había nadie en los EEUU que se infiltrara como él, que tuviera esa capacidad innata para pasar desapercibido.

Estaba llegando la hora. A las 11:30, Barack saldría de su casa y se dirigiría al coche que estaba justo en frente suya, y con toda seguridad entraría por la puerta trasera derecha, perfectamente visible desde su posición.

Llegó la hora. Obama sale de su casa acompañado de su mujer y dos guardaespaldas. El joven se pone en posición y quita el seguro del arma, preparado para apretar el gatillo y… Alguien lo estrangula con un brazo mientras con el otro le da un golpe en el suyo y le hace perder el arma. Se revuelve con todas sus fuerzas, pero el otro hombre lo tiene bien agarrado y consigue arrastrarlo hacia atrás y, tras alejarse lo suficiente de la casa del futuro presidente, lanzarlo al suelo de espaldas.

Algo aturdido, el asesino encapuchado observa al hombre que ha hecho que su estrategia se vaya al traste. También va encapuchado, por lo que no puede verle la cara.

-  ¿Quién coño eres y por qué te metes en mi camino?

-  Quien soy no te importa, y lo único que hago es cumplir con mi trabajo, que en este caso, es detenerte a ti.

Tras decir esto, el hombre saca una pistola y apunta al asesino, aunque no lo suficientemente rápido. El asesino arroja certeramente un cuchillo al cuello del hombre, haciéndolo caer de rodillas sin poder articular palabra.

El asesino no podía perder el tiempo. Corre hacia donde estaba su pistola, a tiempo de ver como Obama está entrando al coche, apunta y… recibe una bala en la nuca que sale por su garganta. El cuerpo del asesino se desploma hacia adelante, saliendo del seto y alarmando a todos los guardias de alrededor.

Rifle en mano, observo todo desde 100 metros, con una sonrisa esbozada en mis labios. Otro trabajo bien hecho.

Dicen que existe algo llamado destino, que todo lo que pasa es porque tiene que pasar. Pero eso solo lo dicen los débiles. Tendría muchas cosas que decir en contra del destino, pero lo dejaré para otra ocasión. Lo que si diré, es que si hubiera dejado al destino actuar, seguramente hubiéramos tenido otro final bastante diferente.

Me llamo Dante Ruiz. Aunque dicen que soy francotirador, prefiero denominarme como una “piedrecita” en medio de vuestro estúpido destino, que se encarga de que vuestro mundo no se vaya a la mierda.